DISONANCIA COGNITIVA
La teoría de la disonancia cognitiva, de
Leon Festinger.
¿En qué consiste dicha teoría?
Básicamente, se refiere a la tensión o
incomodidad que percibimos en nosotros cuando mantenemos dos ideas
contradictorias o incompatibles entre si o cuando nuestras creencias no
están en armonía con lo que hacemos (o hemos hecho). Esta “tensión” se
puede experimentar como culpa, enfado, frustración o vergüenza.
La teoría plantea que al producirse esa
incongruencia o disonancia, la persona se esfuerza en generar ideas y creencias
nuevas para reducir la tensión hasta conseguir que el conjunto de sus ideas y actitudes
encajen entre si. Es decir, cuando percibimos que tenemos dos ideas
incompatibles, tenemos que generar nuevas ideas (o modificar las antiguas) para
que nuestro sistema de creencias sea coherente. En una frase: no
soportamos percibirnos internamente como incoherentes.
Pero esto es mucho más interesante cuando nos
centramos en los casos donde hemos actuado de una manera contraria a
nuestras creencias.
Por ejemplo:
1. Nos
fumamos un cigarrillo aunque sabemos que es perjudicial para nuestra salud
2. No
hemos ido al gimnasio aunque era nuestro objetivo para la semana
3. La
casa que nos acabamos de comprar no responde a nuestras expectativas
En el primer caso, la acción de fumar va contra
nuestras creencias de que “queremos vivir una larga vida” y “soy una persona
sensata que toma decisiones correctas”. Ya hemos fumado (o lo seguimos
haciendo). ¿Qué es más fácil, cambiar una acción del pasado (imposible) o un
hábito (improbable), o cambiar nuestras creencias? la más fácil suele ser la
tercera opción. Así que tenemos añadimos nuevas creencias, modificamos las que
ya tenemos o quitamos importancia a las creencias incompatibles para mitigar la
incoherencia (“esto es un proceso lento. No pasa nada porque fume un poco. Ya
lo dejaré más adelante”, “los científicos se han equivocado más de una vez.
¿Quién me asegura que es tan malo fumar?”, etc.) Podemos modificar nuestras
creencias de muchas maneras pero el objetivo final es dar más valor a la opción
elegida, al mismo tiempo que restamos valor a la alternativa no seleccionada.
Con el segundo caso, pasaría lo mismo: como
modificar un hecho del pasado es imposible (la semana ya ha pasado y yo no he
ido al gimnasio), lo único que puedo hacer es cambiar mis ideas internas (“no
pasa nada porque no haya ido. Esto son cosas que se notan a largo plazo.
Ya iré la semana que viene”).
En el tercer caso, es más fácil cambiar nuestras
ideas que vender la casa, así que podemos empezar a sacarle puntos fuertes (“es
verdad que está hecha una ruina, pero las vistas son muy bonitas”). ¡Lo que sea
con tal de no tener este sentimiento interno de incomodidad por haber hecho
algo contrario a lo que yo creo de mi!
Como puede verse, la disonancia cognitiva
explica muy bien nuestra tendencia a la auto-justificación. La ansiedad
que conlleva la posibilidad de que hayamos tomado una decisión equivocada (o
hemos hecho algo incorrecto), nos lleva a inventarnos nuevas razones o
justificaciones para apoyar nuestra decisión o acto. Es decir, algo que rompe
nuestros esquemas de ideas, y entonces es más sencillo para nuestra mente
inventar explicaciones alternativas que minimicen el impacto de ese algo que
afrontar la verdad. Primero actúo, luego justifico mi actuación. Cuando nos
damos cuenta de lo que hemos hecho (o dejado de hacer), tratamos de auto-justificarnos
para reducir el trauma. No soportamos mantener al mismo tiempo dos pensamientos
o ideas contradictorias y, automáticamente, justificamos dicha contradicción,
aunque sea con nuevas ideas absurdas.
Hay más ejemplos donde aplicamos la disonancia
cognitiva. Por ejemplo, cuando deseamos algo y no lo podemos obtener, lo
criticamos y le quitamos valor (también aplica en los casos de desamor), o en
las llamadas “mentiras piadosas”: esta mal mentir pero nos cuesta decir la
verdad, así que le quitamos valor a mentir en ese caso (“es mejor para él/ella
que no lo sepa y así no sufre”) para así poder mentir sin tener que soportar
una disonancia fuerte.
Es importante hacer notar que para que este
efecto se produzca, los sujetos deben tener la percepción de libertad de
elección al realizar la conducta. Si somos obligados a hacer algo contra
nuestra voluntad, no se produce esa tensión… ¡pero cuidado que auto-convencernos
de que nos obligaron también puede ser una auto-justificación para reducir la
incomodidad.
Entonces, la pregunta final sería: ¿es malo
intentar reducir la disonancia? para nada. Es un mecanismo que usamos las
personas para nuestro bienestar. Lo único que es importante es ser
conscientes de cuándo lo utilizamos para no caer en el autoengaño. Es
decir, que lo que nos contamos a veces no es tan verdad ni estamos tan de
acuerdo, pero lo usamos en un momento dado para sentirnos mejor.
En resumen, la
Disonancia Cognitiva es un malestar que se produce cuando nos engañamos a
nosotros mismos,. Por lo que recurrimos a la autojustificación
(mentirnos) para que nos ayude a sentirnos mejor, aun a sabiendas de que nos
estamos auto-mintiendo. Este sistema puede pasarnos factura a largo plazo. Podrá disminuir nuestra autoestima y tendremos un sentimiento de malestar difuso, junto a la culpabilidad acumulada por reincidir en este tipo de conducta