Cada emoción provoca un conjunto de reacciones, a continuación las más evidentes:
Alegría: se suprimen sensaciones negativas o de incomodidad. Se
anulan prácticamente todas las reacciones fisiológicas de importancia, excepto
la sensación de tranquilidad y calma corporal. Se asocia con el placer, la
diversión, la armonía sensual, en niveles algo más altos, con la euforia, y el
éxtasis.
Miedo: la sangre se reparte en lugares
imprescindibles para tomar una actitud evasiva; puede ocurrir que nuestro
organismo se paralice antes de tomar una salida acertada. Pero el cuerpo se
encuentra sometido a un estado de máxima alerta. Se asocia al nerviosismo,
ansiedad, preocupación, inquietud, y en un nivel mas grave, con la fobia y el
pánico.
Ira: nuestro cuerpo reacciona
enviando sangre hacia las manos, favoreciendo el empleo de armas o
predisponernos para golpear de manera contundente. Se acelera la frecuencia
cardiaca, y se elevan hormonas (adrenalina) que predisponen nuestro organismo,
para emprender la acción. Se asocia con la hostilidad la furia, la indignación,
y en casos extremos, con el odio patológico.
Asco: es la emoción más desagradable de las seis. Tiene un gran poder para condicionar nuestro comportamiento, especialmente si hablamos de alimentos. La función del asco es protectora, no solamente para el momento en el que la experimentamos, sino también para el futuro, pues escribe con cincel en nuestra memoria.
Tristeza: en caso de perdidas, se asocia a una una función
adaptativa y reparadora. La tristeza provoca una disminución de la energía e
ilusión por las actividades cotidianas, paraliza nuestro metabolismo y nos
limita y aísla. En casos graves, podemos alcanzar la depresión.
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