La biografía de una persona está salpicada de sucesos positivos y de acontecimientos negativos, de alegrías y de tristezas, de esperanzas cumplidas y de expectativas frustradas. En este sentido, llama la atención la gran capacidad de adaptación y el espíritu de superación de los que dispone el ser humano. Sólo a partir de ellos se puede entender que personas que han tenido que habérselas con una vida llena de obstáculos y dificultades (enfermedades incapacitantes, divorcios, apuros económicos, desengaños, etcétera) disfruten de una vida productiva y rica en logros personales y sociales.
En realidad, lo que
resulta fundamental son las habilidades de supervivencia de las que se vale el
ser humano para hacer frente al estrés. Se trata de un conjunto de recursos que
adquiere la persona en el proceso de socialización para salir airoso de las
dificultades y resistir los embates de la vida, sin quedar gravemente mermado
en el bienestar personal. Estas habilidades de supervivencia van a depender del
nivel intelectual, del grado de autoestima, del estilo cognitivo personal (más
o menos optimista) y del tipo de experiencias habidas, así como del apoyo
familiar y social.



